Tras la Asamblea Anual del SJM, del que Pueblos Unidos forma parte, José Luis Pinilla, SJ, nos hace esta reflexión sobre lo que allí se habló y escuchó:

Al  fin de la batalla,

y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre

y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo”.

Es la primera estrofa del poema “Masa” del  poeta y escritor peruano César Vallejo considerado como uno de los mayores innovadores de la poesía universal del siglo XX. Fue el primer eco que me vino a la memoria en las palabras iniciales de Luis Arancibia, Delegado del Sector Social al abrir la Asamblea del SJM junto a Mari Carmen Coordinadora del SJM.

Porque nos invitaban a ese paisaje después de la batalla del Covid (no terminada). A dirigir la mirada para ver con ojos nuevos la misión desde la identidad propia del SJM. Y añadiendo la necesidad de volver a la realidad y afinar la mirada. Para ver cosas antiguas y cosas emergentes, y preguntarnos: ¿Qué hay de lo de siempre y que hay de lo nuevo?

Teníamos el guion, el esqueleto, incluso el lema: “Resistencia , semillas de esperanza”. Pero faltaba la “encarnadura” que según la RAE es la “disposición atribuida a los tejidos del cuerpo vivo para cicatrizar o reparar sus lesiones”. Se habla de tener buena, o mala encarnadura. En este caso, encarnadura de la buena. Porque el guion se encarnaba al principio en las palabras técnicas, reflexivas, emocionadas de los participantes… que nos desvelaban LOS ROSTROS que vemos en el diario acontecer de nuestro trabajo entre técnicos, voluntarios y gentes con las que tratamos y a quienes servimos. Y de quienes aprendemos en un viaje compartido (viaje de ida y vuelta). Que ojalá lo fuera cada vez más al lado de los migrantes, refugiados, etc., que llaman a la puerta o con quienes convivimos. Son ellos los que tiran de nosotros, nos imantan. Y – por seguir con la imagen inicial– escucharles. Pues sin la escucha nuestro trabajo será el de combatientes en red, pero sin alma.

Es decir al lado de aquellos que tienen vida y nombre (identidad) aunque otros muchos pretendan quitárselos (La Vida y el nombre (identidad)). Ya que la dignidad nunca lograrán arrebatársela.

Para ello había que visibilizar donde están puestas las capacidades  de las obras y las conexiones en red. Y para hacerlo había que hablar y conversar más de cerca. En Grupos pequeños. Para gustar y sentir la historia encarnada. De ahí las necesidades para acompañar, servir y defender a través DE LA PROTECCIÓN, LA ACOGIDA, LO RESIDENCIAL, LA INCLUSIÓN Y LA CONVIVENCIA. Que con estas cinco últimas cosas nos contagiamos si sabemos escuchar las  lecturas vivas de tantos y tantos a quienes muchas veces se les trata “como si nunca hubieran sido”. Para seguir sirviendo más allá de los datos fríos e intentando contagiar a otros.

Porque de eso va también el poema de Cesar Vallejo, que en la sucesión de estrofas, va incorporando más gente para “intentar resucitar” al combatiente muerto:

Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,

clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Partiendo de la realidad migratoria que se nos transmite, esta se convierte en provocación y en preguntas:  ¿Dónde debemos estar para cambiar las cosas? ¿Cómo identificar las necesidades? PARA INTERVENIR, ACOMPAÑAR, FORTALECER Y SOSTENER. SENSIBILIZANDO E INCIDIENDO. Y a ello ayuda siempre el contexto del Encuentro: En La Ventilla y en el Centro P. Rubio. En Madrid. Lugares que son reflejo de los otros muchos en distintos territorios de dónde venían los 70 participantes de la Asamblea. Y que están impregnados de historias, retos y esperanzas. ¡¡Si las paredes hablasen!!

Y cuando la palabra se queda corta , la CELEBRACIÓN lo expresa: Para poder celebrar la semilla que resiste y se transforma en el pan y el vino de la EUCARISTÍA. Celebración de la memoria subversiva de Cristo que alimenta la espiritualidad de la resistencia. Esa que según el Consejo Mundial de las Iglesias evoca “la larga espiritualidad cristiana crítica del poder que ha dado a los desposeídos del poder, la fuerza y el coraje para oponerse a quienes abusan de él”. Y en esa misión activada y celebrada nos unimos a mucha más gente de los cinco continentes. Aunque el dolor y la muerte, la exclusión y el llanto sigan existiendo .

Sigo con el poema :

Le rodearon millones de individuos,

con un ruego común: «¡Quédate hermano!»

Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Por eso hay que seguir alimentándose y compartir las BUENAS NOTICIAS en el trabajo que desarrollamos y que nos ayudan en la resiliencia personal. Y si eso se hace vital y emocionalmente a través de HISTORIAS DE RESISTENCIA la marcha puede seguir manteniéndose. Porque los testimonios emocionan y… contagian. Y nos empujan como un reto  –temblorosamente- a articularlos para el futuro de manera organizada y eficaz 

Y todo se puede nombrar con una sola palabra escrita en la vela de los barcos  para  embarcarse en frágiles pateras de papel por los mares de la vida, remando siempre mar adentro. Porque el espíritu de la resistencia ya está latiendo en pequeñas semillas místicas, éticas y políticas.

Y así se transforma el corazón. Y la resistencia compromete hacia la transformación de la sociedad. Sin evadirnos de la realidad sino empujados para “dar un paso más”, o los necesarios saltos – como se decía en la asamblea-  hacia la justicia social y la igualdad. Desde la inconformidad crítica y a la vez basados en la confianza y el apoyo entre la gente. Desde la actitud interior de cada individuo pero a la vez implicando a la comunidad humana, la cercana y la más amplia. Cada uno donde pueda y como pueda

Hasta llegar a lo que la estrofa final del poema nos dice: 

Entonces todos los hombres de la tierra

le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;

incorporóse lentamente,

abrazó al primer hombre; echóse a andar…

José Luis Pinilla Martín, SJ.