El pasado jueves 3 de diciembre, voluntarios, amigos y colaboradores de los programas y centros Pueblos Unidos y Padre Rubio, se encontraron de forma virtual para reflexionar en torno a la realidad migratoria actual, profundizar en el trabajo de los diferentes programas y la misión común y compartir experiencia y oración.

Debido a la situación sanitaria actual, no nos había sido posible celebrar la ya tradicional asamblea anual de la Fundación San Juan del Castillo, dirigida especialmente al voluntariado de los centros Pueblos Unidos y Padre Rubio y sus diferentes programas,  pero a la que están invitados colaboradores y amigos. En este año nos ha tocado afrontar muchos retos y este no iba a ser menos.

Pero a las 17:15 de la tarde, y con casi un centenar de personas inscritas, en el local de Pueblos Unidos se respiraba emoción en el equipo esperando el inicio de la conexión.

Tras la bienvenida, José Luis Pinilla sj iniciaba la tarde hablándonos del voluntariado y del trabajo en equipo con la preciosa metáfora de la armónica belleza que forma un bosque. De esta forma y en clave de oración, dio paso a Ana Sarabia, coordinadora de las Plataformas Sociales de las Salesianas en España, que nos habló del actual contexto de las migraciones, aportándonos algunos datos que nos interrogaron e invitaron a la reflexión, poniendo el acento en la de humanizar la realidad a través de las palabras.

Recogió el testigo Iván Lendrino, director ejecutivo de la Fundación San Juan del Castillo, que nos hizo un recorrido histórico de cómo la entidad se ha ido adaptando a las demandas de realidad cambiante para poder dar una respuesta adecuada a las necesidades de las personas migrantes. Con la ayuda de la nueva página web nos dio a conocer la nueva estructura de la fundación dividida en las distintas áreas.

Después llegó uno de los momentos más esperados: los talleres. Cada uno de los talleres correspondían a una de las áreas de trabajo de la entidad: acogida, CIE y Jurídico, empleo y Hospitalidad.  7 personas voluntarias y 7 personas usuarias repartidas en los diferentes talleres, nos regalaron su experiencia y su testimonio. Fue un momento de encuentro, de conocernos y conectarnos único. Nos “supo a poco”.

Los ecos de los talleres fueron compartidos y Paulina Soltero, voluntaria de acogida, nos había preparado una preciosa canción con letra de San Francisco Javier que nos ayudó a recoger y dejar resonar todo lo que se había vivido en los talleres.

Despedida, y como no podía ser de otra manera, despedida agradecida y felicitación por el día internacional del voluntariado. GRACIAS voluntariado. Más que nunca. ¡Seguimos!