El País Semanal recoge en su reportaje Estado de Ansiedad el testimonio de Widad, marroquí de 35 años con una difícil situación laboral.

“Una de las personas que han perdido su empleo es Widad Maski, marroquí de 35 años, que representa esa franja normalmente invisible de inmigrantes y trabajadores de la economía en negro. Para ella no hay ERTES ni paro. Widad fue despedida de la casa en la que cuidaba a unos ancianos y se recluyó en su piso –una vivienda que le ha facilitado la ONG Pueblos Unidos- con su hija de nueve años. “Tengo asma, soy responsable de una niña y no tengo familia en Madrid. Tenía más que miedo, una fobia al coronavirus, terror a qué le va a pasar a mi hija, taquicardias, dificultad para respirar, no podía dormir, la alejaba de mí por si yo tenía el virus”, cuenta.

Esta bióloga marroquí que apenas logró convalidar el Bachillerato en España ha sobrevivido gracias al programa de vivienda, a una psiquiatra que la asistió en el confinamiento y una ayuda en alimentos de Pueblos Unidos, que acompaña a inmigrantes en situación extrema y que para ella es “la mano personificada de Dios”.

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https://elpais.com/elpais/2020/11/05/eps/1604566652_540453.html